El lugar en Caracas donde llegan los medicamentos imposibles x Esther Yáñez Illescas

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Por Esther Yáñez Illescas/Sputnik

Las comunas, germen de poder popular. Ejemplo práctico para barriadas de países diezmados por regímenes neoliberales

La Comuna Altos de Lídice, en el populoso barrio de La Pastora, al noroeste del centro histórico de Caracas, se ha convertido en la envidia de algunas comunidades vecinas [que no se han organizado como comuna socialista]. Cuenta con la única farmacia comunal que dispensa medicamentos gratuitos casi imposibles de encontrar en el país.

 

Comuna desde fuera (de Venezuela) suena como a 1968 y la granja hippie de Woodstock. Y puede que no convenza a los extranjeros o que al menos cause cierto escepticismo convencional. Pero una comuna, en Venezuela, es otra cosa. Es un objetivo de clase y de sociedad. Una meta del socialismo del siglo 21 que planteó minuciosamente Hugo Chávez para crear un país independiente del Estado desde las bases.

Las comunas son microcosmos organizados en los barrios y en los pueblos campesinos. Sociedades de vecinos chavistas que se unen para ser más fuertes, para ser mejor. Y en época de crisis y guerra económica, se ha convertido en la manera solidaria de sobrevivir. Donde no llega el Estado, llegan los comuneros.

 

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Barrio Altos de Lídice en La Pastora, Caracas.

Comuna Socialista Altos de Lídice

Altos de Lídice está ubicada en la parte alta del popular barrio La Pastora en Caracas, muy cerca de las faldas del Ávila, la montaña que rodea la ciudad, y tiene poco más de un año de vida.

Dentro de la comuna hay siete consejos comunales, que son los subgrupos de personas que organizan las rutinas y tareas en forma de democracia de base. Hay mucho que hacer y que ordenar: educación, salud, transporte, alimentación, la luz, el agua, el gas, que no hay, que no llega, que qué hago, etc.

La Comuna Altos de Lídice es grande. Abarca más de 6.000 personas y, aunque no todas están implicadas en el trabajo comunitario, es un ejemplo de cómo, a pesar de la adversidad, solidariamente se puede resolver cualquier problema. En Venezuela son expertos en eso de resolver, y en esta comuna saben bien cómo tener éxito con aquello que se proponen. Su última experiencia es la Farmacia Comunal Salud para el Barrio que inauguraron hace cinco meses y ya es toda una sensación entre los vecinos.

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Fachada de la Farmacia comunal Altos de Lídice.

¿Qué es una farmacia comunal?

La salud es uno de los temas que más preocupa a los venezolanos. Con la guerra económica, los hospitales públicos atraviesan uno de los peores momentos de su historia reciente y debido al bloqueo que atraviesa el país por las sanciones económicas impuestas por EEUU, muchos medicamentos no cruzan las fronteras. Las farmacias convencionales carecen de medicinas fundamentales y, cuando se encuentran, sus precios son tan elevados que una gran parte de la población no puede acceder a ellas.

Debido a esta problemática, la Comuna Altos de Lídice se remangó los pantalones y decidió actuar. Hace cinco meses conformaron la Mesa de Salud y Protección Social y se pusieron manos a la obra, con la colaboración de estudiantes de medicina chavistas.

"Comenzamos a hacer un chequeo médico a todas las personas de nuestra comunidad, porque nos dimos cuenta de que muchos tenían problemas de desnutrición y enfermedades asociadas a la crisis que no se estaban tratando por falta de medicamentos", cuenta a Sputnik Daysi Luzardo, una de las encargadas del mostrador de la farmacia.

Salud para el Barrio está en la casa 22 de la Avenida Principal. "A tres cuadras de la parada de la camioneta [autobus], antes de llegar a la redoma, donde el preescolar".

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La casa 22 es la de una señora que se llama Manuela y la farmacia comparte habitación de entrada, a pie de calle, con las máquinas de coser de un grupo de mujeres que trabaja a destajo en el corte y confección, en otra de las iniciativas comunales. Manuela ofrece café negro con azúcar a diestro y siniestro.

Apenas son las 10 de la mañana, la farmacia lleva abierta un par de horas y Daysi no da abasto ordenando medicamentos y atendiendo a los vecinos que llegan con su receta en la mano pidiendo esto o aquello.

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Daysi Luzardo, una de las mujeres encargada de la Farmacia Comunal.

¿Cómo funciona?

Salud para el Barrio es llevada por un grupo de mujeres de la comuna, Manuela y Daysi incluidas. El doctor Roberto Bermúdez, de origen chileno, es el mentor del proyecto, y mediante un acuerdo con la Fundación Salvador Allende, una vez al mes llegan medicamentos directamente a los Altos de Lídice desde Santiago, la capital de Chile.

A cambio, la comuna les envía libros, pero sobre todo, más que un intercambio de rédito material, es un intercambio de solidaridad entre dos grupos solidarios afines y con unos valores en común.

"Estábamos enfrentando una situación terrible", continúa Daysi. "La gente, por desespero, porque no encontraba los medicamentos que necesitaba, caía en depresión".

Así que hicieron un inventario de las necesidades de los vecinos y llegaron a un acuerdo con la Fundación. En la comuna cuentan con tres consultorios médicos que manejan tres especialistas comunitarios integrales (uno de ellos es el doctor Bermúdez). Los pacientes de Lídice pasan primero por alguno de estos consultorios y allí se les hace el diagnóstico. El siguiente paso es ir a la farmacia a por los medicamentos. Solo podrán acudir las personas de la comunidad que lleven una receta sellada por ambos lados.

Bety Marín es una de esas vecinas chavistas y comuneras que participa del proyecto Salud para el Barrio y que además se beneficia de él porque es hipertensa. "Antes de que abriésemos la farmacia estaba muy mal", cuenta. "Durante mucho tiempo no encontraba las medicinas que necesitaba y cuando aparecieron no las podía comprar porque eran demasiado caras".

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Betty Marín, contralora de la farmacia comunal y enferma de hipertensión. Puede acceder a sus medicamentos gracias a esta iniciativa socialista.

Desde que inauguraron la droguería, Bety se medica con regularidad y asegura que está "estupenda". Aparte de usuaria habitual, es contralora del lugar. ¿Qué significa esto? Una vez a la semana, ella y un grupo de mujeres acuden a la farmacia para hacer un inventario y comprobar que todo está donde debe estar: que no faltan medicamentos y que se han repartido las medicinas que corresponden según los recibos entregados por los pacientes.

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Entre el realismo mágico y el Estado comunal

En la fachada de la casa 22 hay un cartel donde se lee "Farmacia Comunal", y aparecen los horarios de apertura. Abre todos los días menos los miércoles, de ocho de la mañana a cuatro de la tarde. La Comuna Socialista Altos de Lídice también tiene una casa de comidas donde dan almuerzo gratuito diario a varias decenas de personas gracias a los paquetes de alimentos estatales. En las escuelas del barrio, los chicos más jóvenes organizan equipos de fútbol para enseñarles a los más pequeños la importancia de saber trabajar (y jugar) en equipo.

El reciclaje, la danza y la alimentación (organizan mercados populares con productos de la propia comuna a precios regulados) son las otras patas de este modelo de organización comunal socialista que no deja de crecer y de consolidarse.

La Comuna Altos de Lídice parece una distopía de realismo mágico en mitad de un barrio de casas de colores. La Avenida Principal, donde se erigió la casa-farmacia de Manuela, a tres cuadras de la parada de la camioneta pública que acerca a las mujeres maravilla al asfalto de la urbe, es una cuesta pronunciadísima que no apetece afrontar. El carro llega asfixiado y con las ventanillas abiertas a la esquina que huele a café con azúcar, mientras los perros de las casas vecinas se enzarzan a gritos.

Es lo que los comuneros describen como su chavismo. Como ese Estado comunal lleno de aspiraciones aparentemente utópico que imaginó Hugo Chávez y que se está convirtiendo en realidad. Como el cuento visionario de lo aparentemente imperfecto con engranajes sincronizados de puntualidad y excelencia caribeña.

Sputnik / La Haine

 

 

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