¿Embajadores o virreyes de la decadencia?

Luis Bilbao

¿Qué representan para el mundo las cancillerías de España, Italia y Alemania? ¿La cultura y el acervo histórico de la vieja Europa, o una alianza sin principios para intervenir contra todas las leyes internacionales en América Latina?

Jesús Silva, Silvio Mignano y Stefan Herzberg, embajadores de sus respectivos países en Venezuela, en una operación sin precedentes diplomáticos, asistieron el sábado 2 de septiembre al aeropuerto de Maiquetía para acompañar el intento de fuga de Venezuela de la Sra. Lilian Tintori.

Consorte del político preso (que no preso político) Leopoldo López, esta dama había sido descubierta el 29 de agosto en una camioneta que transportaba en cuatro cajas de madera 205 millones de Bolívares. Los billetes eran de la nueva denominación y, como se supo después, provenían del Banco Occidental de Descuento (BOD), cuyo presidente es Víctor Vargas Irausquin, emparentado, por rara casualidad, con la familia Borbón, reinante en España.

El caso es que Tintori no pudo explicar origen ni destino de ese dinero, transportado en cajas, como lo haría un pirata dispuesto a enterrar su tesoro. El argumento inicial, de que eran para su abuelita enferma, sólo desató una catarata de sarcasmos y fue abandonado en menos de 48 horas. La camioneta había sido estacionada frente a la casa de su suegra Antonieta Mendoza, quien al día siguiente partió inopinadamente hacia España. Desde luego la fiscalía general de la República inició una investigación y comunicó a la esposa de López que no podía salir del país.

Apenas dos días después Tintori fue al aeropuerto de Maiquetía con la intención de partir, también ella, hacia Europa. El hecho es que lo hizo acompañada de los tres embajadores mencionados. Casi simultáneamente, en Buenos Aires el diario Clarín titulaba: “Represión chavista, prohíben salir de Venezuela a la esposa del preso político Leopoldo López”.

Berlín, Roma y Madrid tienen gobiernos de diferente signo: socialcristiano, socialdemócrata y ultraconservador con raigambre fascista. Clarín, por su lado, se declara un diario independiente. No obstante, todos declaran su respeto por la justicia y la oposición a cualquier forma de violencia o actividad fraudulenta. ¿Por qué razón entonces una coalición tan diversa -multiplicada por cientos si hubiera tiempo y espacio para observar cómo trató el caso la prensa mundial- trata de obstruir el accionar de la justicia en Venezuela? ¿Por qué ampara un acto presuntamente ilegal?

Lilian Tintori es sospechada de cometer un acto ilícito. Nada hay definido al respecto y el sistema judicial venezolana deberá dar en su momento el veredicto, con las correspondientes pruebas.

Los ignotos Silva, Mignano y Herzberg, en cambio, no son sospechosos de nada: son responsables públicos y notorios de un acto ilícito de alcance nacional e internacional, puesto que intentaron facilitar la fuga de Tintori y, para el caso de que la operación fallara, amplificar el ruido mediático. Silva, Mignano y Herzberg son una ignominia para cualquier diplomacia que se precie de tal. Ninguno de los países que representan acompañaron jamás a un aeropuerto a perseguidos por las dictaduras que asolaron América Latina. Su presencia en Maiquetía no es un acto en defensa de una perseguida política, sino una agresión más al gobierno venezolano.

Ahora bien: en la actual coyuntura regional y mundial, la agresión a Venezuela implica un zarpazo estratégico a toda América Latina. La patética decadencia de Europa siquiera ha llevado a sus gobernantes a comprender que ya no tienen virreyes. Ni pueden tenerlos. Incluso si cuentan con la aquiescencia de gobernantes invertebrados en algunos de nuestros países.

 

 

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